16
Nov

Carmen Panadero, antigua alumna del Programa Superior de Dirección y Gestión Estratégica de Proyectos del IE Business School en su formato Blended escribe el siguiente post.

En el área la Dirección de Proyectos  una cualidad a potenciar por los Directores de Proyectos en nuestros equipos es fomentar la competitividad sana o positiva, desde el camino de la autoconfianza en uno mismo, el esfuerzo y la superación personal.

Está demostrado que la competitividad sana origina una mayor eficacia del equipo. Una persona competitiva buscará su bien por supuesto, pero proyectando su energía y sus esfuerzos en el bien del grupo, por lo que será un excelente trabajador y compañero y revertirá en el bien del equipo.

Muchas veces la competitividad se entiende mal y está muy denostada en los trabajos en equipo, cuando parte de la misión del Director de proyectos como líder debería ser esa: fomentar dicha cualidad en los miembros de su equipo.

La competitividad sana es algo muy valioso en nuestro área, ya que es imprescindible como estímulo a la hora de lograr progreso individual en los miembros del equipo y en consecuencia una mejora de resultados del equipo. Se puede llevar a confusión este concepto si no se analizan e interrelacionan bien los principios básicos de la competitividad positiva: colaboración y autoconfianza, los cuales no son incompatibles con la individualidad y los logros personales.

En una sociedad que premia la individualidad y los logros personales, muchas personas equivocadamente terminan adoptando la idea de que lo importante no es hacer las cosas bien, sino hacerlas mejor que las personas que tienen a su lado. Aquí entra en juego la peligrosa “comparación”, que es la real causa de la competitividad mal entendida. Uno de los principales factores que perjudican el término de “competitividad sana” es cuando entra en juego la comparación que realizamos con la otra persona, al no tener algo que ella tiene (nos comparamos para mal y salimos perdiendo) esto nos provoca frustración y rabia hacia la persona en cuestión, y esto desemboca en frustración constante, negativismo y poca colaboración con el equipo.

Dicha competitividad mal entendida atenúa  entonces la tendencia a colaborar con los demás y eso perjudica los resultados finales del equipo y en consecuencia del proyecto. El espíritu competitivo  llevado al plano unipersonal y sin el enfoque adecuado tiene desastrosas consecuencias. Hay gente equivocada que ayuda menos al “otro” por temor a que pueda destacar más que nosotros. Este tipo de situaciones se acentúan en las personas inseguras de sí mismas, es fácil que aparezca también la envidia, y puede dar lugar a frustraciones y fallos en el equipo.

La envidia siempre es un sentimiento negativo, frente a la competitividad que es un sentimiento positivo y de autosuperación. Alguien que sufre de envidia sufrirá por los logros de los demás y se alegrará por sus fracasos, lo que va a hacer que no vaya a trabajar bien en grupo, sin embargo, se mantendrá pasivo ante sus necesidades y no dedicará esfuerzo para superarse a sí mismo.  La envidia es un sentimiento insano que se proyecta en los demás y que nos incapacita para conseguir nuestras propias metas.

Una reflexión que es importante compartir también, es que ya que la competitividad se fomenta desde la infancia, hay que esforzarse en transmitirla desde la superación personal, el creer en uno mismo y la búsqueda de metas personales. Nunca desde la comparación, ya que si se promueve en los niños la competitividad enfocada en la comparación es un gran error. El niño generará una personalidad ansiosa y envidiosa, puesto que si nadie le enseña a valorar sus propias virtudes y a centrarse en sus objetivos y no en los de los demás, crecerá vacío de valores e inseguro. Debemos tener en cuenta que si basamos las pautas de aprendizaje de la infancia en un ambiente en el que se exageran los éxitos de otros, eso sólo va a conseguir que nos infravaloremos.

Por todo esto, puede ser útil elaborar una lista con las cosas que hay que “poner en valor” para mejorar con nosotros mismos y en nuestras relaciones con los demás.

Claves para convertir la competitividad en algo positivo que te haga crecer a tí y a tu equipo.

1. Colaborar con los demás Una de las mejores formas de evitar la envidia y forzar la competitividad sana es colaborar con tus compañeros de trabajo y ayudar a los demás, de esta manera podremos crecer profesionalmente. Ayudando a otro a mejorar mejoras tu entorno y por consiguiente tu vida profesional.

2. Aceptar los fracasos Tanto a nivel equipo como a nivel personal hay que aprender a relativizar los fracasos, sin fracasos no hay aprendizajes. Todos los aprendizajes están formados por éxitos y fracasos en un primer momento y sólo en etapas avanzadas aparecen éxitos más continuos en el tiempo.

3. Aprender a valorar los éxitos propios Otro aspecto importante para mejorar, es aprender a afrontar el éxito también. Es importante aprender a valorar tus logros, sin infravalorar ni sobredimensionar. Ya que si infravaloras tus éxitos y a sobredimensionar tus fracasos, te sentirás inseguro y si lo haces al revés te despega de la realidad y te convierte en un engreído.

4. Aprender de tus competidores Compararse y criticar a un compañero eficiente solo servirá para dejar de lado el propio trabajo. Hacerse amigo de él y aprender de él es mejor solución. Hay que aprender de los competidores para mejorar: del compañero eficiente en tu equipo, puede enseñarte cómo se organiza y sus pequeños trucos. De la persona con habilidades en el terreno social, puedes aprender cómo reaccionaría en determinadas situaciones conflictiva.  Del mal jefe puedes aprender las cualidades para poder convertirte en el futuro en un “buen jefe”.

5. Fomentar la autoconfianza y el optimismo dentro del equipo: Hay que fomentar la confianza que tenemos en nosotros mismos, si se dedica el tiempo a intentar mejorar y luchar por superarte, te sentirás recompensado y más positivo respecto a los demás. Con autoconfianza se crece profesionalmente, y suele ser persona de éxito la que busca y persigue sus metas con entusiasmo y seguridad. Como Director de Proyecto hay que aprovechar los pequeños logros de cada día de los miembros de tu equipo para felicitarles por la meta conseguida. Fomentar el optimismo, siendo positivos y confiando en nuestras posibilidades y en la de nuestro equipo conseguiremos lo que sea. La idea es que

6. Marcarse objetivos para no compararse. Si eres el Director de un Proyecto, tienes que marcar objetivos intermedios a conseguir y cuantificarlos. Hay que centrarse en las acciones que vas a llevar a cabo el equipo para conseguirlo, y no focalizarse en la comparación con otros. Transformar las envidias en ganas de mejorar, y fomentar que entre compañeros se aprovechen los métodos de los demás para enseñar a conseguir las metas y poner en práctica cosas que a otro no se le hubieran ocurrido.

 

Carmen Panadero

Business Development Director

 

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Dejar un Comentario

*

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle contenido relacionado con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí. Aceptar