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Sep

Compartir el éxito.

Escrito el 28 septiembre 2010 por José Luis Portela en General

Ignacio Antón Gómez, ha querido compartir su conocimiento y reflexiones con nosotros enviándome un post para ser colgado en este Blog.

 

Compartir el éxito

Nunca he encontrado a nadie en mi vida que quiera fracasar. En cada clase de liderazgo que imparto, digo “Por favor, que levanten la mano todos aquellos que quieran fracasar”. Por supuesto, nadie levanta la mano. – Bob McDonald, CEO de Procter&Gamble.

Como se ve, la cita no es mía pero la suscribo completamente. Quizá no sea la de uno de los CEOs de los que más se publica en la prensa económica española pero puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que tiene gran influencia en nuestras vidas cotidianas a través de la empresa que dirige (http://www.pg.com/en_US/brands/all_brands.shtml).

Una experiencia como la que describe y que creo que muchos compartiremos, da pie a hablar del éxito, en qué consiste y cómo se valora. Pero yo voy a centrarme en cómo vivimos el éxito en los equipos de proyecto. El éxito de un proyecto se traduce generalmente en el logro de las tres restricciones impuestas: plazo, costes y alcance. Por tanto, voy a partir de este punto: un proyecto exitoso será aquel que se ejecute en el plazo previsto, con el coste previsto y cumpliendo los objetivos establecidos al inicio del mismo.

Cuando constituimos un equipo de proyecto, incorporamos a las personas que creemos necesarias para llevarlo a cabo. Ellos formarán parte del proyecto con un diverso nivel de motivación: los habrá más entusiasmados y menos pero ninguno de ellos espera el fracaso del proyecto y, en todo caso, si el fracaso se diera, si que esperan el éxito personal. Visto esto, el mejor camino para todos es que el proyecto salga bien porque es difícil que los miembros, a título individual, consigan un triunfo mientras el proyecto se hunde en el desastre.

Creo que muchas veces tratamos a los miembros del equipo como si ellos no quisieran que el proyecto fuera un éxito. Siempre estamos detrás de ellos para analizar lo que sale mal. Y no es que haya que renunciar a esto. Sin embargo, teniendo en cuenta que, incluso en los peores proyectos, la mayor parte de lo que se hace está bien, dejamos perder una gran cantidad de aprendizajes y no reforzamos las conductas que nos llevan al éxito. Nos obsesionamos con corregir las acciones o tareas que originaron errores mientras que dejamos pasar la posibilidad de reproducir los casos de éxito.

Mi recomendación es armarse con un diario de proyecto y mantenerlo al día. Esto es habitual en los proyectos de construcción aunque no se usa con el fin que yo propongo. Al final del proyecto, con motivo de recoger las lecciones aprendidas, se debe repasar este diario para recoger todo aquello que dio lugar a los éxitos y a los errores del proyecto e intentar formalizarlo en documentos internos de la organización que se queden a disposición de los futuros equipos de manera que puedan sacar provecho de las experiencias anteriores..

Aprovechando las reuniones de cierre, no está de más celebrar los éxitos. El éxito atrae más que el fracaso (¡qué obviedad!) por lo que hacer valer los logros obtenidos multiplica el valor de todos los que colaboraron en el proyecto. El éxito no es algo que se consuma. No se trata de un bien tangible que disminuya en cantidad a medida que lo compartimos con los demás. El éxito se engrandece cuanto mayor es el número de personas que lo disfrutan. No hay que ser rácano ni miserable reconociendo la colaboración todos los participantes. A menudo, un reconocimiento público o un apretón de manos establecen una gran diferencia.

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